sábado, 12 de diciembre de 2009

El casamiento de Emilia Attias y El Turco Naim Sibara

EL CASAMIENTO DE EMILIA ATTIAS Y EL TURCO NAIM
03/12/2009

EL CIVIL

Blackberry en la oreja, listo para salir desde hace una hora, de traje azul de Prada, saco puesto y corbata perfectamente anudada, el Turco Naim (43) abre la puerta de su PH de tres ambientes en Nuñez. Con sus manos invita a pasar, mientras eleva levemente la voz, sorprendido: "¿Cómo que hay paro? ¿Justo hoy?", y desaparece en la cocina con el claro propósito de no alterar a la novia. Ella, Emilia Attias (22), permanece en silencio sentada en medio del living, frente a un espejo provisoriamente apoyado sobre un sillón berger de chenille color lacre. Está en remera y shorts de algodón, ya maquillada por Paola Dessaner (jefa de maquillaje de Ideas del Sur), entregada con total confianza a las manos de Alvaro Rivas de Cool Cuts, responsable de su peinado.
Escoltado por Ramón, su bulldog francés que le sigue el paso inquieto, el Turco camina directo hacia Emilia y la piropea: "¡Estás hermosa, novia!". Ella le sonríe y sigue acariciando con sus pies a Nina, una pequinesa albina que duerme plácidamente sobre un almohadón en el piso. El se aleja. Indeciso, encara hacia el pasillo, pero al segundo vuelve y pregunta: "¿Ya estamos, no?", y con disimulo espía el reloj que marca las 8:40. Faltan sólo veinte minutos para la hora en que deberían estar en el Registro Civil de Lomas de Zamora. La cita es a las 9 AM y aún están en su casa. Ramón ladra. Naim se ceba un mate y anuncia: "Me acaban de avisar que en el Registro Civil hay paro. Pero no te preocupes, mi amor... Aunque siga así, a nosotros nos casan igual. Ya arreglé todo".
Emilia se pone de pie, gira su cabeza hacia los lados y posa sus dedos sobre la tiara que rodea el rodete que contiene sus rastas rubias. "Ya estoy. Me visto y vamos", adelanta. Detrás la acompañan Lucía Maidana, Luchi, su asistente personal desde hace cuatro años, Ana Livni (la diseñadora uruguaya que le confeccionó los tres vestidos: uno para el Civil e inicio de los festejos en San Fernando, otro de noche para el baile en el salón y otro para la ceremonia en la playa de Arraial d´Ajuda, estado de Bahía, nordeste de Brasil) y tambíen Nina, que recién despierta, ladra y se prende al cortejo de sólo damas.
Suena el timbre. En orden ingresan Poupée, la madre de Emilia, y sus cuatro hermanos: Luciana (30, hasta ese día la única casada de las Attias), Agustina y Bárbara (25, mellizas) y Gonzalo (21, el único varón). No bien se asoma Emilia, enfundada en un catsuit plisado de color crudo, hay aplausos y aullidos unísonos: "¡Aaahhh...! ¡Divina! ¡Qué original! Una vueltita, por favor". El Turco se acerca, la toma de la mano, la besa y la conduce directo a su auto estacionado en la puerta. "Luchi, no te olvides los anillos, por favor", pide, e ingresa a su Audi A3 negro, vehículo que conducirá él mismo hasta el Registro Civil, distante 52 kilómetros.
Minutos pasadas las 10 de la mañana están los dos frente a la jueza Margarita Giménez. Superado el atraso de la testigo Violeta Urrutia, compañera de Emilia de la secundaria, comienza la ceremonia con la lectura del acta número 558, tomo II. Allí el Turco Naim se convierte en el novio: Julio Naim Sibara tal como figura en su DNI, que acepta por esposa a María Emilia Attias, hija de Carlos Alberto, teniente coronel y Hebe Ada Rosa Pompei, separados desde hace 17 años.
Al escuchar en voz de la jueza de paz de Lomas de Zamora el nombre completo de su madre, Emilia se tienta y sólo parará de reír para pasar directo a las lágrimas al decir: "Sí, acepto". Intercambio de anillos. Abrazos, Más lágrimas y salida del juzgado sin lluvia de arroz, pero con pedido de autógrafos de fans de Casi Ángeles, que ese mismo día, 3 de diciembre, terminó su 3ra temporada... ¡coincidentemente con una escena de boda! Una vez más, la realidad supera a la ficción.

LA FIESTA


No hubo vals. Ni noche de bodas en un hotel de lujo. Ni siquiera una cnción especial dándoles la bienvenida a los novios. Tampoco ramo, ligas o alguna otra costumbre criolla propia de los casamientos, como los souvenires o el carnaval carioca. De hecho, confirmaron el lugar de la celebración y la lista de invitados el día previo al festejo... ¡y por mensaje de texto! Hasta la ceremonia religiosa, ya verán, la transladaron a Brasil. Entre tanta falta de convención que el novio (Julio Naim Sibara, 43) le lleve veintiún años a la novia (María Emilia Attias, 22), parecía un detalle menor. Pero la poca tradición se reemplazó por originalidad y un estilo bien descontracté. "Un casamiento súper energético", como planearon sus anfitriones. aquí los detalles más íntimos de la boda del año.

LA CEREMONIA. La vera del río Luján, en San Fernando, fue el lugar elegido por los novios para la gran boda. La decisión se demoró hasta las últimas horas, por lo que los invitados supieron recién la tarde anterior dónde se haría el festejo. El salón del complejo naútico Marina del Norte se vistió de gala para recibir a los 180 invitados, entre amigos de la pareja y algunas celebrities. Ausentes con aviso: los Teen Angels, de gira por Rosario, y Flor de la V y Gerardo Sofovich, ambos con ensayos de estrenos de la inminente temporada teatral. La ceremonia tuvo diferentes momento. La celebración inicial y la recepción fueron al aire libre. En el parque setenta sillas tiffany se colocaron enfrentadas a una pérgola, donde se ofició la ceremonia simbólica. ¿Un detalle? Los escalones fueron decorados con una lluvia de pétalos de rosas rojas. Así, tras una entrada bien informal de los novios, y frente a la misma jueza de paz que los casó en el Registro Civil de Lomas de Zamora, Emilia y Naim repitieron el "sí, quiero" frente a los íntimos.
"Me casé con la mujer de mi vida, ¿Qué más puedo pedir?", reconocía entre lágrimas Naim. Al tiempo que le sumaba comicidad a sus palabras: "¡Pero miren la pinta que tengo hoy eh! Basta de decir que con Emi yo robo... aunque sea cierto". Attias, en cambio, se limitó a sonreír y le dedicó en público varios "te amo", acompañados cada uno por un apasionado beso. "No saben la fiesta que nos espera" auspició la estrella de Casi Ángeles. Era cierto. El reloj recién apuntaba la una de la tarde, y aún faltaban once horas más de fiesta y sorpresas, que se sucedieron por completo dentro del salón. Allí la decoración se caracterizó por un gran living marroquí, un sector con las diferentes opciones de comidas, y el escenario donde se lucieron las bandas invitadas: Los Pibitos, Vox Dei, She´s The Boss y Gin Tonic, el grupo de rock que lidera Sibara. La idea de los novios con los eclécticos salones era que la gente atravesara diferentes sensaciones caminando unos pocos metros, un cometido que cumplieron Soledad Sáenz Briones y Carolina Ghio, encargadas de la ambientación de estilo marroquí. Las mesas se vistieron con candelabros con cairele, velas rojas y narguiles. En total se usaron mil flores, entre rosas rojas y liliums colorados y naranjas. Sebastián Levy, en tanto, se ocupó de la organización y producción integral del evento. El menú - de la empresa Moro Catering - consistió en una recepción estilo buffet, con diferentes idlas de comida de orígenes italiano, exicano y japonés. El plato principal fue cordero braseado con cous cous. De postre, volcán de chocolate con salsa de frutos rojos y una degustación de tortas sobre la mesa dulce. Todo se acompañó con vinos de la bodega Escorihuela Gascón, champagne Norton y una barra de cerveza Quilmes, la más concurrida de la noche. También hubo variedad de drinks con ron Baccardi. Cerca de las cuatro de la tarde, al ritmo de Celebration de Kool & the Gang, comenzó el dancing en la pista. Los primeros en romper el hielo fueron los amigos del novio, ex compañeros de Showmatch, Mariano Iúdica (que llegó acompañado de su mujer, la coreógrafa Romina Propato), Pablo Granados y Pachu Peña. En la programación musical reinó el reggae, el rock and roll, hits de los 80´y una tanda de música electrónica; a pedido de los invitados, el DJ debió sumar algún reggaeton. Las hermanas Attias, Luciana (30), la mayor, y las mellizas Bárbara y Agustina (15), volaron a cambiase los altos tacos por chatitas, y como verdaderas fans, acompañaron los shows, que arrancaron desde las siete de la tarde hasta el final de la velada. ¿El más aclamado? Vox Dei, que prolongó su recital por más de una hora. La lelgada del mítico grupo de rock de Willy Quiroga se confirmó una semana antes de la fecha, en un asado en la casa de Naim, donde les propuso tocar en la fiesta.

EL LOOK. Emilia encargó la confección de sus vestidos a la diseñadora uruguaya Ana Livni, la misma que se ocupó del vestuario teatral de Casi Ángeles, partidaria del movimiento slow fashion que comulga con la idea de mantener en armonía al mundo con una actitud sin prisa. Attias y Ana se encontraron sólo dos veces para definir los modelos y concretar la única prueba que hubo antes de la boda. Durante el día, Emi vistió un catsuit de gasa natural plisada, con sugestivas transparencias y una multicapa de organza con detalle de puntillas. Hacia la noche el cambio fue drástico: dejó el look fresco y etéreo para pasar a otro más dark. Y sorprendió con falda y corset azul noche, con detalles en negro brillante. También cambió el esmalte de sus uñas, para hacer juego con los zapatos rojos. Una pinturita. ¿Yel novio? Naim usó traje y zapatos Prada... ¡elegidos por la novia!

FIN DE FIESTA. Cerca de las once de la noche llegaron la torta y el momento del brindis. "Acá la torta la cortamos todos", invitó El Turco, para el aplauso de los invitados. Tras los besos y deseos de ocasión, el novio copó el escenario con su propia banda, Gin Tonic. Y le dedicó un tema a su flamante esposa: "Remolino de luz/me lleva puesto con su luz", cantó Sibara con ayuda del Zorrito von Quintiero en guitarra. Último compás, y la maratónica fiesta llegó a su fin. A la única convención que se ajustaron fue a la promesa de amarse "hasta que la muerte nos separe". Por lo pronto, está claro, los une un amor inmenso.

LA IGLESIA

El lunes 7 de diciembre, Emilia y Naim se casaron en la capilla Nossa Senhora D’Ajuda, en un poblado del sur del estado de Bahía donde vive Yamil, hermano del novio. “Para Naim era importante estar cerca de su familia”, contó ella. Pero algunas horas después tuvieron una tercera boda: fue en la playa, con pies descalzos y bajo la religión de Lemanjá.

La iglesia Nossa Senhora d’Ajuda se alza en lo más alto de este pequeño poblado del sur de Bahía. El templo fue construido en 1550 y es el segundo más antiguo de todo el Brasil, el país con más católicos en todo el mundo. Emilia Attias y el Turno Naim están frente a Estanislao, el sacerdote polaco que llegó a Arraial d’Ajuda hace doce años. Hasta ese pueblito bahiano viajó la pareja para dar el “sí” ante Dios. “Elegimos viajar hasta aquí porque para Naim era importante estar cerca de su hermano, que vive en Arraial d´Ajuda desde hace veinte años”, va a contar más tarde la novia. Emilia (22) lleva un vestido blanco diseñado por Ana Livni: le llega hasta el suelo y fue tejido sobre hilos de seda italiana. La gargantilla que luce en su cuello muestra unos flecos de seda blancos que llegan hasta sus rodillas. En el pelo, las trenzas recogidas al mejor estilo años veinte. Y Naim (43) viste una camisola blanca y un pantalón de gabardina en el mismo tono. A las tres menos cuarto de la tarde, el sol golpea transversal a la vieja capilla del centro del poblado al que un río separa de Porto Seguro. Los divide un río.

La ceremonia es para unos pocos íntimos: en los primeros bancos están la mamá de Attias, Poupée, y Luciana, su hermana mayor. También María del Carmen, una amiga. En la otra fila de bancos aparece uno de los mejores amigos del Turco, Lalo Tinte, con su novia, Lucía Fernanda, y Yamil Sibara, el hermano de Naim. Al lado está su mujer, Crisiane, y sus tres hijos: Aron, Daira y Clara. Las dos sobrinitas del Turco fueron las encargadas de llevarle las alianzas al sacerdote. Justo ahora el padre Estanislao está por finalizar una ceremonia llena de energía: “Les deseo que tengan un amor para toda la vida y un largo matrimonio”, dice. Seguido del clásico: “Los declaro marido y mujer”. Ya eran las tres de la tarde en Brasil cuando la pareja había consumado su matrimonio bajo uno de los ritos más antiguos del mundo. “Somos dos personas llenas de fe y siempre quisimos casarnos por Iglesia”, dice la novia sobre el empedrado de la iglesia de Nossa Senhora d’Ajuda. Aunque todavía faltaba una ceremonia...

RITO DE PIES DESCALZOS. La mayoría de las mujeres sueña con casarse de blanco. Otras quieren hacerlo descalzas, con ropa bien suelta, en una playa hermosa de olas calmas. Digamos que Emilia Attias cumplió los deseos de todas y con una boda que duró cuatro días. Comenzó el viernes 4 y se extendió hasta las primeras horas del martes 8 de diciembre. Ahora son las cinco de la tarde del lunes 7. Emilia y el Turco tienen sus pies descalzos, apoyados sobre la arena. Hay mujeres morenas que golpean tenuemente unos tambores y unas exóticas maracas que suenan al compás de semillas de lino y palitos secos. Las negras cantan y todos las siguen.

El marco es el jardín de la posada Sao Francisco, cerca de la ensenada de Arrabal, donde se une el río con el mar. Un pai bahiano repite una oración. Estamos en medio de la ceremonia que ahora va a unir en matrimonio a Emilia y el Turco bajo el rito de Lemanjá, un tributo a la diosa del mar, también llamada Yemanjá o Jemanjá: se trata de un acto de purificación y una ofrenda a la Madre Naturaleza.

Emilia, su mamá, sus hermanas y su amiga María del Carmen siguen una canción del rito. Las mujeres que cantaban ahora las rocían con agua de rosas blancas. “Agua de Lemanjá”, explican. Mientras, los hombres rezan. Después, todos piden deseos por dentro, para más tarde escribirlos sobre un papel. El pai de raíces africanas los invita a caminar hacia la costa. Los novios y sus invitados mezclan los deseos dentro de una barca de madera, llena de flores blancas. Entre todos la empujan hacia el mar. Cuando el agua llega a las rodillas, sólo siguen el novio y el pai de la ceremonia, que llevan la embarcación hasta que el agua les traspasa el pecho. El pequeño bote se irá mar adentro y será la conclusión de la ofrenda y del ritual. Son las seis de la tarde y el sol ya se ocultó. Emilia y Naim están casados ante la ley argentina, ante Dios y ante la Madre Naturaleza, Lemanjá. Es de noche y es tiempo de celebrar el casamiento a la manera bahiana: bailando descalzos, cantando y sambando a orillas del mar hasta que el cuerpo no pueda más.

Fuente--> Revista Gente

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